Esta es una de las frases magistrales, contextualizadas en la cara de Sin Perdón de Clint Eastwood en su Gran Torino. Resucita como el ave fenix en cada una de sus películas, este "polaco" parece absorber la vida del celuloide y quedársela en primera persona. Con 77 años es ágil, original, maquiavélico y encima, lejos de ser un abuelete de la "gran generación americana", -esa que vivió y padeció Vietnam- da una lección de tolerancia de la que todos deberíamos aprender.
No tienen desperdicion las caras de 'Sin Perdón' que él mismo parodia, pero sigue transmitiendo esa fuerza de encañonar a alguien y hacer que se cague de miedo, sí sí, en los pantalones. Este caballero impasible es capaz de enamorar y de sacar la bestia que llevamos dentro casi con el mismo gesto, para que luego digan que la interpretación sólo está en el rostro.
Ojalá encuentre el guión porque tiene escenas que me las aprendería de memoria. El paseo que nos da por el mundo de la globalización también me lleva a reflexionar sobre cómo somos capaces de enjuiciar a alguien sólo por el mero hecho de que no tenga nuestras costumbres, pero me alegro de una cosa, al menos, que España no tenga la libertad de armas que existe en Estados Unidos. Aunque todo llegará, por desgracia.

